domingo, 18 de octubre de 2015

al filo del pequeño rasgo de cada máscara
la máscara que no esconde nada
y justamente es máscara
y nada más;
el tejido de otra vena de hoy
la lleva hasta el último borde
donde el aire roza la sangre
y el sudor al mar
y vuelve inmortal y apenada
porque no hay nada
del otro lado de la máscara

sábado, 17 de octubre de 2015

al paso
me paro
a comer
al paso
salchicha
o currywurst
enamorado
o degollado
al paso
rápido,
golpecitos al paso
todos de a uno,
todos de a uno
cuentecitos
al paso
de todo lo que es
al paso;
y antes de digerir
ya otra hambre
al paso
para no perder
paso;
al final
lo lograré
ser cada vez
mejor al paso
satisfactoriamente aliviado
de no sentarme
ya a comer;
el mejor de los casos
un rápido dentro fuera
al paso,
al paso

domingo, 11 de octubre de 2015

esta tarde me apetece invitarte a cenar
porque traés una ensalada de colores formidables
a saber
palabras bien condimentadas a favor del aborto
con denuncias exquisitas contra la ingesta de fetos de gallina
espanto verde contra la muerte de quien sea que no ingieras
y muerte al dente de lo que sea al plato
saladas anécdotas de viajes exóticos
con adherezo anti-colonialista de granja
mis-en-plas rotundo contra la nueva imbecilidad virtual
y troca feliz de identidades virtuales como sobremesa

café y líquidos aparte (de toda moral)

la digestión, eso sí, la haré en silencio

todo gratis.


viernes, 9 de octubre de 2015

No nací para escribir ni para dejar de hacerlo y en esa fina dicotomía gasto horas como si fueran las monedas que me pagan otra cerveza en el kiosco de la esquina y me siento en la esquina a creer que debo escribir aquello que pasa por la esquina y es más leve que una pluma y denso como un coágulo que no me deja dormir, nunca me voy a dormir. Me espanta toda esta indeterminación pero es la esquina la que me recuerda que recordar el espanto es creer que algo podría escribir. No soy dueño de ningún comienzo porque mi fin no es mío, en mi fin fundiré esta carne mentirosa en el olvido y quizás entonces entienda o una letra haga sentido, cuando a mi ojo se lo coma un pez y a mi pierna un gusano a través del orgasmo perpetuo de la naturaleza y de los pequeños seres que creí poder tocar con las manos abiertas. No puedo escribir para recordar porque después no habré recordado nada que fuera mío ni yo estaré en el recuerdo, estaré partido entre el cielo y la lava, parpadeando con angustia absorbiendo una esquina que no me ve pasar porque no me moví ni una gota sin embargo en la esquina he dejado partículas de ser que no son palabra ni recuerdo. He parpadeado con angustia porque los ojos duelen frente a tanto y si pudieran hablar dirían ciérrense del todo. Todo recomienza antes de la primera letra aunque me agarre de la A o la Z o el acento en la E y me arrastra lejos de los puntos y las comas. En mi carne toda esa desgracia apenas comenzada de letras que se me pegan porque sí o por el capricho de jugar una mano ya perdida, porque abro los ojos queriendo observar la esquina y miro a la esquina como si fuera el mundo y si no escucho mal es quizás una risa o un viento que muda o un silencio malinterpretable. No es yo ni ningún yo, es una tormenta de palabras que no dicen nada porque no son el mundo que veo ni mucho menos el que no veo. Son vómitos invisibles en mis pantalones manchados de esquina que luego desaparece en otra esquina o una avenida ancha rápida como un parpadeo angustiado que se lleva la fuga hasta donde mis ojos no ven paralelo alguno. No tengo tiempo de ordenar sin embargo paso horas infinitas ordenando mi cuarto y limpiando la cocina queriendo poner palabras en un todo que se desordena simplemente y borra mis palabras y mi tiempo ahí ha sido una ilusión. Si pudiera vivir sin esquinas una cerveza duraría mas o menos, tal vez el tiempo justo de una cerveza y nada más, sin la urgencia de mis ojos prolongando el fin de la cerveza hasta creer que he embriagado mi carne en el intento de ser olvidado de una vez.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Cálido

El naranja y el amarillo están tan cerca que me cuesta determinar cuál es más feo. En una pintura donde caberían miles de azules y verdes y ocres y hasta un negro indiferente, debo hincharme los pulmones de naranja o amarillo, y no es fácil saber cuál queda más feo. Los jefes de la paleta gritan desde el podio, a un metro de altura, un metro de daltonismo. Naranja no es amarillo! Amarillo no es naranja! Naranja es mil amarillos pero con todo de naranja! Amarillo es después de naranja pero desde mucho antes! La suma de naranjas es más que la suma de amarillos! El amarillo es más flúor! Elige: amarillo o naranja. Todo lo demás es sueño, idealismo lisérgico.
Me resisto y no es inútil, pero es indiferente. Llevo un pincel lo suficientemente pequeño como para ahogarme en una gota de pintura que pinta una pared que no decora a nadie. Mis colores no llenan globos. Mis colores no revientan en tu cara.
Ya me sé de memoria todo el discurso de los colores cálidos. Me inclino por los fríos y osan dejarme sólo. "Pintás para vos". Si, y no vendo. Tampoco compro. Esta paleta se almacena al final del recuerdo, donde no me interesa llegar ni almacenar. Son un color de fondo que hace justicia, pero la justicia también tiende a la indiferencia. "Necesitamos cálidos. Ésto hay que venderlo nene". Qué tenue sabe la lógica de mercado! Se digiere cual deglución de banderas contra-decolorantes oscilando entre el naranja y el amarillo, y ni siquiera abarcando el ínfimo campo que hay entre ellos, que sería peligrosamente igual: dos soretes del mismo color.
No insisto más. Me llevo esta pausa al lienzo pobre donde todavía hay espacio para pintar, y la única urgencia es no haber derramado exageraciones a cambio de sonrisas de mano rápida. Me quedo sólo. Contra una pared que no pide ni un cálido más.
y ahora
al revés
quizás humor
quizás estrés
a ver si vés
como es
un palo en el culo
del revés
y que puedas reír
justo después
de no entender:


soy vos!
soy no vos!
no soy yo!
soy un mono!
al revés!
vení!
más cerca!
no se te ve!
nadie te quiere ver!
yo te quiero ver!
y romper!
soy vos!
sin tocarte jamás!
pero agarrá!
chupala!
sin tocarla!
no mata!
yo te mato!
yo te amo!
soy vos!
no soy yo!
soy peor!
ni como el sol!
ni el culo de un reloj!
me ves!
si nunca estoy!
estoy dando vueltas!
en tu culo al revés!
tocame!
no, me fui
a soplarte la sien!
desde el tren
idiota tren
no es exprés!
es mejor a vos
nada de yo!
nunca el sol!
nunca salir de vos
y ahí estoy!
soy tu mono!
el eco de no ver!
explicame!
sin tocarme!
no te quiero ver!
soy vos!
no lo ves!
tocame
la sien!
no me duele
ya me fui
a comer
pan o miel

miércoles, 2 de septiembre de 2015

No encuentro inteligencia en mí para creerte, a vos que venís con ideas muy santas y toda una maquinaria de realización que llega a tus manos por razones que nunca podrías entender sin matar lo que hacés. Con tu divisoria de aguas te conformás para dejar de lado todo el otro lado del andén, los que no viajan con vos, los que les toca viajar en hora pico y comerse un sandwiche plastificado en la estación y otro a la vuelta. ¿Cómo podés decir que de tu lado está la belleza? ¿Cómo podrías ver por fuera de tus elegantes pestañas del culo?

La complejidad infinita de cada pequeña acción es radical y cada día más, y apenas alcanza para ver cómo se diluye perpetuamente el ser y sólo poder volver a cero, para quien se atreve a mover. Y con todo lo que hoy ya tragaste todavía venís a moralizar. No te alcanza con saber lo poco que ves, sino que encima te zarpás y me venís a decir que eso debe ser lo mejor. Osás hablar de belleza ulterior y sólo me hablás de vos. ¿Dónde está tu tacto amazónico? ¿Dónde dejaste esa sed de amar el beber y no el saciarse?

Cuánta justicia te hiciste. Mataste a toda una mitad con pocas palabras, desde la mesa de un café, donde no hacía calor ni frío y la cucharita la agarrabas vos con alguna de tus dos manos porque nadie te dijo nunca que eso pudiera también ser una simple estupidez.

Si vos encontrás razón para creerte, supongo es porque apenas sos un experimento como yo y aquel, pero vos sos uno muy fiel. Servís a la decadente polarización y, mal que te pese, hace rato venimos buscando el centro. Será muy dulce el sabor para cuando se es vos, pero no deseo el gusto amargo de tu boca al apagarse. Porque te va a faltar toda una mitad y no te va a quedar ni una gota de saliva para imaginar lo que dejaste todo alrededor, del otro lado del andén que es un espejo.